A juzgar por lo que ocurre en la tierra, es fácil imaginarse a los padres de padres vagar indefinidamente por los cielos en busca de una plaza de aparcamiento celeste a pagar en módicas mensualidades. Entretanto, los demás inmortales continuarán de vacaciones o gozando de la presencia divina.
Es costumbre de los viejos budistas abandonar familia y bienes y vagar por los caminos en busca de sabiduría y felicidad, unas metas perfectamente prescindibles por nuestros abuelos que tienen plaza en aparcamiento celestial. Es aquí donde morarán hasta que llegue la resurrección de los muertos, momento en que habrán desaparecido los esperpentos y seremos todos iguales, o al menos unos más iguales que otros.
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