viernes, 19 de febrero de 2010

Abuelo nuestro, que estás en los cielos

El esperpento del abuelo con su mirada baja como pidiendo perdón por estar vivo es sin duda uno de los esperpentos más entrañables de nuestra galería. Si bien millones de católicos rezan el padre nuestro que estás en los cielos, del abuelo nuestro jamás se habla.


A juzgar por lo que ocurre en la tierra, es fácil imaginarse a los padres de padres vagar indefinidamente por los cielos en busca de una plaza de aparcamiento celeste a pagar en módicas mensualidades. Entretanto, los demás inmortales continuarán de vacaciones o gozando de la presencia divina.


Es costumbre de los viejos budistas abandonar familia y bienes y vagar por los caminos en busca de sabiduría y felicidad, unas metas perfectamente prescindibles por nuestros abuelos que tienen plaza en aparcamiento celestial. Es aquí donde morarán hasta que llegue la resurrección de los muertos, momento en que habrán desaparecido los esperpentos y seremos todos iguales, o al menos unos más iguales que otros.


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